viernes, 25 de diciembre de 2009

La Sirena en esta Navidad

Siendo época de navidad, este cuento se me hace muy para la ocasión. Anteriormente ésta pequeña historia conmovedora que habla metafóricamente de ese sentimiento que llamamos amor, me llenaba la sangre de sentimientos encontrados por aquella mujer que alguna vez le llegué a amar y llorar hasta no poder más. "La Sirena" es uno de mis cuentos preferidos debido a la forma en que el autor nos sumerge en un cúmulo de emociones representados por una criatura de las profundidades del mar.

Aqui les dejo la historia, espero que la aprecien tanto como yo lo hago.

By the way... Feliz Navidad para todos :)


La Sirena (Ray Bradbury)

Allá afuera en el agua helada, lejos de la costa, esperábamos todas las noches la llegada de la niebla, y la niebla llegaba, y aceitábamos la maquinaria de bronce, y encendíamos los faros de niebla en lo alto de la torre. Como dos pájaros en el cielo gris, McDunn y yo lanzábamos el rayo de luz, rojo, luego blanco, luego rojo otra vez, que miraba los barcos solitarios. Y si ellos no veían nuestra luz, oían siempre nuestra voz, el grito alto y profundo de la sirena, que temblaba entre jirones de neblina y sobresaltaba y alejaba a las gaviotas como mazos de naipes arrojados al aire, y hacía crecer las olas y las cubría de espuma.

-Es una vida solitaria, pero uno se acostumbra, ¿no es cierto? -preguntó McDunn.

-Sí -dije-. Afortunadamente, es usted un buen conversador.

-Bueno, mañana irás a tierra -agregó McDunn sonriendo- a bailar con las muchachas y tomar ginebra.

-¿En qué piensa usted, McDunn, cuando lo dejo solo?

-En los misterios del mar.

McDunn encendió su pipa. Eran las siete y cuarto de una helada tarde de noviembre. La luz movía su cola en doscientas direcciones, y la sirena zumbaba en la alta garganta del faro. En ciento cincuenta kilómetros de costa no había poblaciones; sólo un camino solitario que atravesaba los campos desiertos hasta el mar, un estrecho de tres kilómetros de frías aguas, y unos pocos barcos.

-Los misterios del mar -dijo McDunn pensativamente-. ¿Pensaste alguna vez que el mar es como un enorme copo de nieve? Se mueve y crece con mil formas y colores, siempre distintos. Es raro. Una noche, hace años, todos los peces del mar salieron ahí a la superficie. Algo los hizo subir y quedarse flotando en las aguas, como temblando y mirando la luz del faro que caía sobre ellos, roja, blanca, roja, blanca, de modo que yo podía verles los ojitos. Me quedé helado. Eran como una gran cola de pavo real, y se quedaron ahí hasta la medianoche. Luego, casi sin ruido, desaparecieron. Un millón de peces desapareció. Imaginé que quizás, de algún modo, vinieron en peregrinación. Raro, pero piensa qué debe parecerles una torre que se alza veinte metros sobre las aguas, y el dios-luz que sale del faro, y la torre que se anuncia a sí misma con una voz de monstruo. Nunca volvieron aquellos peces, ¿pero no se te ocurre que creyeron ver a Dios?

Me estremecí. Miré las grandes y grises praderas del mar que se extendían hacia ninguna parte, hacia la nada.

-Oh, hay tantas cosas en el mar. -McDunn chupó su pipa nerviosamente, parpadeando. Estuvo nervioso durante todo el día y nunca dijo la causa-. A pesar de nuestras máquinas y los llamados submarinos, pasarán diez mil siglos antes de que pisemos realmente las tierras sumergidas, sus fabulosos reinos, y sintamos realmente miedo. Piénsalo, allá abajo es todavía el año 300,000 antes de Cristo. Cuando nos paseábamos con trompetas arrancándonos países y cabezas, ellos vivían ya bajo las aguas, a dieciocho kilómetros de profundidad, helados en un tiempo tan antiguo como la cola de un cometa.

-Sí, es un mundo viejo.

-Ven. Te reservé algo especial.

Subimos con lentitud los ochenta escalones, hablando. Arriba, McDunn apagó las luces del cuarto para que no hubiese reflejos en las paredes de vidrio. El gran ojo de luz zumbaba y giraba con suavidad sobre sus cojinetes aceitados. La sirena llamaba regularmente cada quince segundos.

-Es como la voz de un animal, ¿no es cierto? -McDunn se asintió a sí mismo con un movimiento de cabeza-. Un gigantesco y solitario animal que grita en la noche. Echado aquí, al borde de diez billones de años, y llamando hacia los abismos. Estoy aquí, estoy aquí, estoy aquí. Y los abismos le responden, sí, le responden. Ya llevas aquí tres meses, Johnny, y es hora que lo sepas. En esta época del año -dijo McDunn estudiando la oscuridad y la niebla-, algo viene a visitar el faro.

-¿Los cardúmenes de peces?

-No, otra cosa. No te lo dije antes porque me creerías loco, pero no puedo callar más. Si mi calendario no se equivoca, esta noche es la noche. No diré mucho, lo verás tú mismo. Siéntate aquí. Mañana, si quieres, empaquetas tus cosas y tomas la lancha y sacas el coche desde el galpón del muelle, y escapas hasta algún pueblito del mediterráneo y vives allí sin apagar nunca las luces de noche. No te acusaré. Ha ocurrido en los últimos tres años y sólo esta vez hay alguien conmigo. Espera y mira.

Pasó media hora y sólo murmuramos unas pocas frases. Cuando nos cansamos de esperar, McDunn me explicó algunas de sus ideas sobre la sirena.

-Un día, hace muchos años, vino un hombre y escuchó el sonido del océano en la costa fría y sin sol, y dijo: "Necesitamos una voz que llame sobre las aguas, que advierta a los barcos; haré esa voz. Haré una voz que será como todo el tiempo y toda la niebla; una voz como una cama vacía junto a ti toda la noche, y como una casa vacía cuando abres la puerta, y como otoñales árboles desnudos. Un sonido de pájaros que vuelan hacia el sur, gritando, y un sonido de viento de noviembre y el mar en la costa dura y fría. Haré un sonido tan desolado que alcanzará a todos y al oírlo gemirán las almas, y los hogares parecerán más tibios, y en las distantes ciudades todos pensarán que es bueno estar en casa. Haré un sonido y un aparato y lo llamarán la sirena, y quienes lo oigan conocerán la tristeza de la eternidad y la brevedad de la vida".

La sirena llamó.

-Imaginé esta historia -dijo McDunn en voz baja- para explicar por qué esta criatura visita el faro todos los años. La sirena la llama, pienso, y ella viene...

-Pero... -interrumpí.

-Chist... -ordenó McDunn-. ¡Allí!

-Señaló los abismos.

-Algo se acercaba al faro, nadando.

Era una noche helada, como ya dije. El frío entraba en el faro, la luz iba y venía, y la sirena llamaba y llamaba entre los hilos de la niebla. Uno no podía ver muy lejos, ni muy claro, pero allí estaba el mar profundo moviéndose alrededor de la tierra nocturna, aplastado y mudo, gris como barro, y aquí estábamos nosotros dos, solos en la torre, y allá, lejos al principio, se elevó una onda, y luego una ola, una burbuja, una raya de espuma. Y en seguida, desde la superficie del mar frío salió una cabeza, una cabeza grande, oscura, de ojos inmensos, y luego un cuello. Y luego... no un cuerpo, sino más cuello, y más. La cabeza se alzó doce metros por encima del agua sobre un delgado y hermoso cuello oscuro. Sólo entonces, como una islita de coral negro y moluscos y cangrejos, surgió el cuerpo desde los abismos. La cola se sacudió sobre las aguas. Me pareció que el monstruo tenía unos veinte o treinta metros de largo.

No sé qué dije entonces, pero algo dije.

-Calma, muchacho, calma -murmuró McDunn.

-¡Es imposible! -exclamé.

-No, Johnny, nosotros somos imposibles. Él es lo que era hace diez millones de años. No ha cambiado. Nosotros y la Tierra cambiamos, nos hicimos imposibles. Nosotros.

El monstruo nadó lentamente y con una gran y oscura majestad en las aguas frías. La niebla iba y venía a su alrededor, borrando por instantes su forma. Uno de los ojos del monstruo reflejó nuestra inmensa luz, roja, blanca, roja, blanca, y fue como un disco que en lo alto de una mano enviase un mensaje en un código primitivo. El silencio del monstruo era como el silencio de la niebla.

Yo me agaché, sosteniéndome en la barandilla de la escalera.

-¡Parece un dinosaurio!

-Sí, uno de la tribu.

-¡Pero murieron todos!

-No, se ocultaron en los abismos del mar. Muy, muy abajo en los más abismales de los abismos. Es ésta una verdadera palabra ahora, Johnny, una palabra real; dice tanto: los abismos. Una palabra con toda frialdad y la oscuridad y las profundidades del mundo.

-¿Qué haremos?

-¿Qué podemos hacer? Es nuestro trabajo. Además, estamos aquí más seguros que en cualquier bote que pudiera llevarnos a la costa. El monstruo es tan grande como un destructor, y casi tan rápido.

-¿Pero por qué viene aquí?

En seguida tuve la respuesta.

La sirena llamó.

Y el monstruo respondió.

Un grito que atravesó un millón de años, nieblas y agua. Un grito tan angustioso y solitario que tembló dentro de mi cuerpo y de mi cabeza. El monstruo le gritó a la torre. La sirena llamó. El monstruo rugió otra vez. La sirena llamó. El monstruo abrió su enorme boca dentada, y de la boca salió un sonido que era el llamado de la sirena. Solitario, vasto y lejano. Un sonido de soledad, mares invisibles, noches frías. Eso era el sonido.

-¿Entiendes ahora -susurró McDunn- por qué viene aquí?

Asentí con un movimiento de cabeza.

-Todo el año, Johnny, ese monstruo estuvo allá, mil kilómetros mar adentro, y a treinta kilómetros bajo las aguas, soportando el paso del tiempo. Quizás esta solitaria criatura tiene un millón de años. Piénsalo, esperar un millón de años. ¿Esperarías tanto? Quizás es el último de su especie. Yo así lo creo. De todos modos, hace cinco años vinieron aquí unos hombres y construyeron este faro. E instalaron la sirena, y la sirena llamó y llamó y su voz llegó hasta donde tú estabas, hundido en el sueño y en recuerdos de un mundo donde había miles como tú. Pero ahora estás solo, enteramente solo en un mundo que no te pertenece, un mundo del que debes huir. El sonido de la sirena llega entonces, y se va, y llega y se va otra vez, y te mueves en el barroso fondo de los abismos, y abres los ojos como los lentes de una cámara de cincuenta milímetros, y te mueves lentamente, lentamente, pues tienes todo el peso del océano sobre los hombros. Pero la sirena atraviesa mil kilómetros de agua, débil y familiar, y en el horno de tu vientre arde otra vez el juego, y te incorporas lentamente, lentamente. Te alimentas de grandes cardúmenes de bacalaos y de ríos de medusas, y subes lentamente por los meses de otoño, y septiembre cuando nacen las nieblas, y octubre con más niebla, y la sirena todavía llama, y luego, en los últimos días de noviembre, luego de ascender día a día, unos pocos metros por hora, estás cerca de la superficie, y todavía vivo. Tienes que subir lentamente: si te apresuras; estallas. Así que tardas tres meses en llegar a la superficie, y luego unos días más para nadar por las frías aguas hasta el faro. Y ahí estás, ahí, en la noche, Johnny, el mayor de los monstruos creados. Y aquí está el faro, que te llama, con un cuello largo como el tuyo que emerge del mar, y un cuerpo como el tuyo, y, sobre todo, con una voz como la tuya. ¿Entiendes ahora, Johnny, entiendes?

La sirena llamó.

El monstruo respondió.

Lo vi todo..., lo supe todo. En solitario un millón de años, esperando a alguien que nunca volvería. El millón de años de soledad en el fondo del mar, la locura del tiempo allí, mientras los cielos se limpiaban de pájaros reptiles, los pantanos se secaban en los continentes, los perezosos y dientes de sable se zambullían en pozos de alquitrán, y los hombres corrían como hormigas blancas por las lomas.

La sirena llamó.

-El año pasado -dijo McDunn-, esta criatura nadó alrededor y alrededor, alrededor y alrededor, toda la noche. Sin acercarse mucho, sorprendida, diría yo. Temerosa, quizás. Pero al otro día, inesperadamente, se levantó la niebla, brilló el sol, y el cielo era tan azul como en un cuadro. Y el monstruo huyó del calor, y el silencio, y no regresó. Imagino que estuvo pensándolo todo el año, pensándolo de todas las formas posibles.

El monstruo estaba ahora a no más de cien metros, y él y la sirena se gritaban en forma alternada. Cuando la luz caía sobre ellos, los ojos del monstruo eran fuego y hielo.

-Así es la vida -dijo McDunn-. Siempre alguien espera que regrese algún otro que nunca vuelve. Siempre alguien que quiere a algún otro que no lo quiere. Y al fin uno busca destruir a ese otro, quienquiera que sea, para que no nos lastime más.

El monstruo se acercaba al faro.

La sirena llamó.

-Veamos qué ocurre -dijo McDunn.

Apagó la sirena.

El minuto siguiente fue de un silencio tan intenso que podíamos oír nuestros corazones que golpeaban en el cuarto de vidrio, y el lento y lubricado girar de la luz.

El monstruo se detuvo. Sus grandes ojos de linterna parpadearon. Abrió la boca. Emitió una especie de ruido sordo, como un volcán. Movió la cabeza de un lado a otro como buscando los sonidos que ahora se perdían en la niebla. Miró el faro. Algo retumbó otra vez en su interior. Y se le encendieron los ojos. Se incorporó, azotando el agua, y se acercó a la torre con ojos furiosos y atormentados.

-¡McDunn! -grité-. ¡La sirena!

McDunn buscó a tientas el obturador. Pero antes de que la sirena sonase otra vez, el monstruo ya se había incorporado. Vislumbré un momento sus garras gigantescas, con una brillante piel correosa entre los dedos, que se alzaban contra la torre. El gran ojo derecho de su angustiada cabeza brilló ante mí como un caldero en el que podía caer, gritando. La torre se sacudió. La sirena gritó; el monstruo gritó. Abrazó el faro y arañó los vidrios, que cayeron hechos trizas sobre nosotros.

McDunn me tomó por el brazo.

-¡Abajo! -gritó.

La torre se balanceaba, tambaleaba, y comenzaba a ceder. La sirena y el monstruo rugían. Trastabillamos y casi caímos por la escalera.

-¡Rápido!

Llegamos abajo cuando la torre ya se doblaba sobre nosotros. Nos metimos bajo las escaleras en el pequeño sótano de piedra. Las piedras llovieron en un millar de golpes. La sirena calló bruscamente. El monstruo cayó sobre la torre, y la torre se derrumbó. Arrodillados, McDunn y yo nos abrazamos mientras el mundo estallaba.

Todo terminó de pronto, y no hubo más que oscuridad y el golpear de las olas contra los escalones de piedra.

Eso y el otro sonido.

-Escucha -dijo McDunn en voz baja-. Escucha.

Esperamos un momento. Y entonces comencé a escucharlo. Al principio fue como una gran succión de aire, y luego el lamento, el asombro, la soledad del enorme monstruo doblado sobre nosotros, de modo que el nauseabundo hedor de su cuerpo llenaba el sótano. El monstruo jadeó y gritó. La torre había desaparecido. La luz había desaparecido. La criatura que llamó a través de un millón de años había desaparecido. Y el monstruo abría la boca y llamaba. Eran los llamados de la sirena, una y otra vez. Y los barcos en alta mar, no descubriendo la luz, no viendo nada, pero oyendo el sonido debían de pensar: ahí está, el sonido solitario, la sirena de la bahía Solitaria. Todo está bien. Hemos doblado el cabo.

Y así pasamos aquella noche.

A la tarde siguiente, cuando la patrulla de rescate vino a sacarnos del sótano, sepultados bajo los escombros de la torre, el sol era tibio y amarillo.

-Se vino abajo, eso es todo -dijo McDunn gravemente-. Nos golpearon con violencia las olas y se derrumbó.

Me pellizcó el brazo.

No había nada que ver. El mar estaba sereno, el cielo era azul. La materia verde que cubría las piedras caídas y las rocas de la isla olían a algas. Las moscas zumbaban alrededor. Las aguas desiertas golpeaban la costa.

Al año siguiente construyeron un nuevo faro, pero en aquel entonces yo había conseguido trabajo en un pueblito, y me había casado, y vivía en una acogedora casita de ventanas amarillas en las noches de otoño, de puertas cerradas y chimenea humeante. En cuanto a McDunn, era el encargado del nuevo faro, de cemento y reforzado con acero.

-Por si acaso -dijo McDunn.

Terminaron el nuevo faro en noviembre. Una tarde llegué hasta allí y detuve el coche y miré las aguas grises y escuché la nueva sirena que sonaba una, dos, tres, cuatro veces por minuto, allá en el mar, sola.

¿El monstruo?

No volvió.

-Se fue -dijo McDunn-. Se ha ido a los abismos. Comprendió que en este mundo no se puede amar demasiado. Se fue a los más abismales de los abismos a esperar otro millón de años. Ah, ¡pobre criatura! Esperando allá, esperando y esperando mientras el hombre viene y va por este lastimoso y mínimo planeta. Esperando y esperando.

Sentado en mi coche, no podía ver el faro o la luz que barría la bahía Solitaria. Sólo oía la sirena, la sirena, la sirena, y sonaba como el llamado del monstruo.

Me quedé así, inmóvil, deseando poder decir algo.


viernes, 11 de diciembre de 2009

No me ha caído en cuenta mi edad de 20 años y me encanta!!!


Estamos por terminar el año, ha estado lleno de altibajos (como en todo). Afortunadamente me encuentro feliz en todos los aspectos; familia, escuela, amigos, pareja y demás. Me encuentro muy agradecida con todo lo que tengo ahora, es como si hubiera encontrado cierto equilibrio es más, hasta puedo darme el lujo de entrar en melancolía sin que ésta me consuma y me lleve a momentos indeseables.

En la Universidad tuve un excelente semestre, cada vez todo es más claro en mi futuro. Los miedos e inseguridades que anteriormente me tumbaban hoy no son más que recuerdos y fantasmas que quedaron atrás. Me siento lista para lo que siga y se que va a ser de lo mejor, aún cuando tropiece y caiga se que me podré levantar.

Ayer por la noche le comentaba a mi mamá como nuestra vida está llena de sabiduría. Ella me decía que no imaginaba encontrar un orden en su vida, ya que empezaría a trabajar doble turno lo cual pensaba que la iba a acabar en todos los sentidos; salud, familia, personal, etc. Su sorpresa fue grande al descubrir que pudo sacar facilmente su trabajo y descartar aquellas viejas ideas. Yo escuche todo eso atenta, en silencio. Cuando ella terminó solo yo le contesté: "No existe cosa que se te presente en la vida que no puedas enfrentarte o realizar". La respuesta fue tan simple y pasó tanto tiempo para que yo me diera cuenta de lo que había dicho. Es verdad, pude ser ciega y tonta en el pasado pero estoy aqui... la vida me ha madurado a lo largo de 20 años, cada uno mejor que el otro.

jueves, 1 de octubre de 2009

En el DF

Mi viaje al DF me ha hecho reflexionar sobre varios asuntos:

1. Estoy enamorada y no intento engañarme con esa idea
2. La escuela resulta ser demasiado estresante para mantener una relación estable
3. Cada vez que vengo al DF es como si descansara de todo lo demás (irónico)
4. Estos dias son extremadamente creativos para la mente

Ayer por la noche tuve la fortuna de ver a Placebo en el Palacio de los Deportes. Gran noche para todos los admiradores, no hubo decepciones :)
Solo hubo algo que paso por mi cabeza cuando me encontraba en el recinto; "Ella debería estar aquí para compartir mi felicidad". En ese momento me di cuanta lo mucho que la amo y la quiero a mi lado.

A decir verdad, he tenido mis dudas pero gracias a este viaje todos esos miedos han desaparecido y lo mejor es que no han dejado rastro de ellos.


martes, 14 de julio de 2009

Mi Mujer

Lo admito, me he olvidado de hacer mis cosas todas estas semanas pero si supieran lo feliz que me encuentro en estos momentos. He encontrado a una mujer hecha para mi y yo estoy hecha a su vez para ella. Por primera vez siento que puedo corresponder a una persona de la misma forma que ella lo hace. Es todo un cúmulo de emociones y sentimientos hacia mi mujer, todo en ella me sorprende y me excita. Recorro su piel con mis yemas en símbolo de admiración al monumento que es su cuerpo, el blanco tono de su piel me enardece las entrañas. Quiero darle todo mi ser pues toda yo le pertenezco, la deseo tanto como el océano desea a sus peces y el campo anhela el agua. La quiero pues no hay error en su persona; bueno o malo ella es así, y así la quiero. En verdad quiero que sea mi mujer pues fue mi amiga antes que todo esto se nos viniera, la conozco lo suficiente como atreverme a decir que mi vida estaría junto a ella.

jueves, 25 de junio de 2009

Estimada Amiga

Todo parece estar tomando un curso plenamente satisfactorio, me siento tranquila. Es la sensación de apacibilidad que se entierra en mis poros, se aferra y desea permanecer ahí, solo ahí. Se que esto no podrá ser perpetuo, todo se transforma para pasar a una especie de evolución. Entre pensamientos y sollozos deseo con todo anhelo que esto marche para el bien de las dos. No puedo negar el miedo que llego a sentir al estar exponiendo lo vulnerable que tiende mi alma a ser, me tienes y te tengo, nuestros deseos y sueños están desnudos viéndose cara a cara. Al final valió la pena la demora o quizá esa era la manera en que tenían que andar nuestra vida.

domingo, 14 de junio de 2009

Hoy es Domingo... Hoy Puedo Descansar

De nuevo el destino me ha traído un fabuloso asombro. Puedes estar segura de lo que sientes y pelear por ello, hasta que llegue el momento en que te detienes a reflexionar todas tus acciones y te das por enterado que ese no es tu objetivo. Las cosas cambiaron tan aprisa que no se si esté soñando o algo similar (en la vida pensé que podría soñar así).

Puedes mostrarte insegura en tu pasado, puedes actuar esperando a que el efecto de tus acciones sean perfectas. Caminas expresando que estar con esa persona nunca lo deseaste y solo esperabas “algo” bueno. Desilusión es romperle el corazón a una mujer, pues sabiendo que tenía todas sus esperanzas e ilusiones en ti le arrebatas su futuro frente a sus ojos.

Me encuentro en una nueva etapa de mi existencia. No me siento culpable ni preocupada por lo que haya ocurrido tiempo atrás, pues ahora como siempre quise; me enfoco en mi presente para llevar a cabo mi futuro, deseo estar con una persona en la que muestro interés y me fascina.

Nada me preocupa, me he quitado toda una carga que estaba estrujando mi cuerpo. Todo sale sobrando pues Venecia se está renovando.

jueves, 28 de mayo de 2009

Y Esperas Aquel Viejo Amor...

Trato de contener el aliento cuando te veo abordándome, por que se que en cualquier santiamén te tomaré de la mano y observarás lo frágil que puedo ser a tu lado. Me quedo esperando (aunque no me guste) a la venida de un rayo que me haga reaccionar y me auxilie a explicarme que tu no eres la mejor opción. No me dueles ni cederé a que ocurra, pues el tiempo se encargará de poner todo elemento y sentimiento en su orden. 

Asustada ya lo estas, confundida no se diga más. ¿Qué puede ofrecerte tu pasado? ¿Por qué engancharte en la carne del tormento? Huyes de toda mujer que te muestra que puede hacerte olvidar aquel viejo y corroído amor.

La sangre me enerva por ti mujer; vamos juntas con dirección confusa pero quiero apartarme y proseguir solo conmigo. Ojalá no pases tu vida a la expectativa de que ella te hará feliz, ojalá puedas percibir que hay una mujer que piensa siempre en ti.

viernes, 15 de mayo de 2009

Vamos a jugar con su fuego

Y en estos momentos quiero echarla de mi cabeza, se que todo este “juego” no me llevará a ningún lado pero, OH! Dios está hecha para mi xD. Jamás imaginé que mi vida se relacionaría con ella pero ahora que ocurre es imposible evitar el cambio de mi existencia. Se que juega conmigo y mi sentir es recíproco, evito cruzar palabra para no hacerla mi vicio. No mentiré me asusta como todo lo inexplorado y a su vez es tan excitante.

Es imposible no pensarla… es intrigante saber lo que me espera.

miércoles, 6 de mayo de 2009

Feliz Regreso a Clases

No es que odie la escuela; pero en ella no puedo expresarme tal como soy.

No es que odie la escuela; la idea de estar en encierro 8 hrs. es lo que indigesta.

No es que odie la escuela; a veces todo ahí es muy superficial.

No es que odie la escuela; la apatía de mis compañeros esta haciendo estragos en mi.

No es que odie la escuela; las preferencias como en todo el país son evidentes ahí.

No es que odie la escuela; todo es tan opresivo ahí.

domingo, 3 de mayo de 2009

La Maravillosa Vida Veneciana

Sí existe un estado que odie pero a la vez me persigue, es la monotonía. Mi vida está rodeada de esos procesos que suceden por automático sin que me de tiempo de razonar la más minima acción. Tiempo, tiempo, tiempo en verdad estoy peleada con ese individuo; no hace más que limitarme a sus márgenes aún sabiendo que no puedo ser eterna.

Y quisiera regresar a mis tiempos de tormenta y huracanes, de ahí mis evoluciones hacia la madurez, mis reflexiones más penetrantes y por que no? Los amores más dolorosos pero satisfactorios. ¿Mártir yo? Jamás accederé ser víctima de mi persona, a veces la mente me juega sucio pero, conciencia y razón me resaltan lo que en realidad soy.

Voy hacia la inestabilidad dejando el equilibrio, por que no me gusta la seguridad aún sabiendo que caeré en ella. Y escucho nuevamente las manecillas que parecen aumentar el paso, debo romper los hábitos.

Caer y levantarme. Ahora deseo ser a la que le rompan las esperanzas, victima no victimaria. ¿Tenemos un papel estipulado en la opera de la vida? Espero no sea así, sino estaría completamente destinada a mi desdicha y la señora monotonía tomaría el té puntualmente a mi lado cada día a las 6.

lunes, 2 de marzo de 2009

Y me encuentro en el proceso de creación. Al menos con las caidas a mi pluma le vuelve la tinta.
Historias, párrafos, oraciones, palabras y letras: nunca me abandonan ellas están en mi cabeza.